viernes, 16 de diciembre de 2011

Di Pascuale – Perón: Un lazo fundante

El nacimiento de una relación que luchó contra todos los obstáculos por una organización sindical más justa en el país.

En 1963, Di Pascuale es designado Delegado del General Perón, entrevistando al Che Guevara en Cuba, junto a Sebastián Borro y Juan J. Jonch.


Jorge Di Pascuale con el General Perón.

Cuenta Sebastián Borro: “Después de la huelga del `Lisandro De la Torre`, yo quedé cesante por lo que mi gremio quedó sin representación en las `62` y lentamente Vandor inicia el desplazamiento de la línea dura y hace ingresar de la mano a Raúl Matera a la línea blanda o colaboracionista en la conducción del movimiento.

Allá, por marzo de 1963 viajamos con Jorge y Jonch a Madrid. Estuvimos casi veinte días con el General y luego debimos cumplir una misión muy especial que nos encomendó Perón. Se trataba de establecer una continuidad de alcance con la Revolución Cubana. Un nefasto personaje que oficiaba de contacto, había cometido algunas perrerías y el General nos ordenó restablecer esa relación. Luego de un viaje de casi 24 horas vía París, Zurich, Checoslovaquia, Irlanda y Canadá, llegamos a la Habana, en abril de 1963. Estuvimos reunidos con Ernesto Guevara, el ´Che´, quien nos pone a disposición apoyatura y medios para el movimiento. Permanecimos un mes en Cuba y luego retornamos con la misión cumplida”.

Perón había designado a Jorge Di Pascuale Delegado personal ante los países socialistas, pero la lucha de intereses dentro del peronismo estaba desatada y Vandor comenzó a poner en marcha, el retorno de Perón.

El frustrado operativo, boicoteado por la propia dirigencia, estaba destinado de antemano al fracaso para desalentar las esperanzas del pueblo y convencerlo de la necesidad de un peronismo sin Perón. Jorge Di Pascuale vislumbra la trampa y la enfrenta en Madrid delante del propio General, lo que le representa el eterno rencor de muchos traidores.

También el rechazo a la invitación del gobierno cubano, de la que Di Pascuale fue portador junto a John William Cooke, para que Perón se estableciera en la isla. Esto motivó el alejamiento de Jorge Di Pascuale de la intimidad de Madrid.


Jorge Di Pascuale con Perón.

Estos enfrentamientos no hicieron mella en su espíritu militante y continuó llevando adelante con absoluta convicción la lucha contra los gobiernos que proscribían al peronismo y por ende, la decisión soberana del pueblo.

Jorge Di Pascuale despliega una intensa actividad en todo el país y en todos los frentes sociales donde se pueda llevar el mensaje revolucionario. Así se convierte en hombre de consulta por parte de sectores progresistas de la iglesia a quienes ayuda a crear el “Movimiento de Curas del Tercer Mundo” con los que establece una profunda relación basada en la discusión franca y honesta y en el compromiso militante junto a los desposeídos y explotados de todo el país.

Por entonces, el Comando Táctico Peronista funcionó en el Sindicato de Farmacia, lo que posibilitó una profunda relación con el delegado personal de Perón, Mayor Bernardo Alberte, con Mabel Di Leo y otros cientos de compañeros que tenían como referencia al sindicato de Farmacia como la línea combativa e intransigente del peronismo.

En junio de 1966, el golpe militar perpetrado por Onganía retrotrae al país a una dura represión y persecución de las organizaciones populares. El sector Vandorista o colaboracionista del peronismo Sindical apoya el golpe y continúa con el proyecto de peronismo sin Perón. En las provincias se fortalecen los sectores neo peronistas que respondían al mismo proyecto, y solo el sector combativo del que Jorge Di Pascuale era uno de sus artífices e impulsores, se mantiene en el enfrentamiento con el régimen militar.

Esta contradicción va separando cada vez más los caminos entre los claudicantes sectores que avanzaban en el manejo del aparato partidario, apropiándose (con la ayuda del gobierno militar) de los símbolos formales del Justicialismo y los sectores que enfrentaban al gobierno y cada vez más claramente a la traición que no solo desconocía el liderazgo de Perón, sino que también la voluntad del pueblo de expresarse democráticamente sobre el tipo de país y de sociedad a la que aspiraba.

En 1967, Jorge Di Pascuale junto Alfredo Carballeda, y a los más combativos militantes del Sindicato de Farmacia, fundan la Agrupación Lealtad y Soberanía.

La visión política de Jorge Di Pascuale se amplía y lo proyecta como un dirigente nacional contenedor de otras expresiones políticas, al tiempo que su capacidad de conducción convoca a otros dirigentes sindicales a la construcción de una alternativa para los trabajadores que represente la voluntad de lucha del pueblo argentino. Esa acción constante y decidida alcanza su máxima expresión en la convocatoria al Congreso normalizador de la C.G.T., realizado el 18 de marzo de 1968, bajo la advocación de Amado Olmos (fallecido poco antes) y que posibilita la conformación de la C.G.T. de los Argentinos .

La CGT “de los Argentinos”

En esta oportunidad, les contamos la historia de la CGTA: foco de resistencia de la dirigencia sindical de Vandor y semillero del “Cordobazo”.

Confederación General de Trabajadores “de los Argentinos”: Central sindical nacida el 28 de Marzo de 1968 como resultado del congreso normalizador de la CGT “Amado Olmos”. (ONGARO, Raimundo, “Ongaro hace y dice”, tercera edición 1999, Buenos Aires, página 10).

El 24 de Enero de 1968 cinco dirigentes sindicales (Rogelio Coria, Juan José Taccone, Adolfo Cavalli, Paulino Niembro, y Ángel Peralta) se entrevistaron secretamente en la residencia de Olivos con el general Onganía a fin de estrechar la colaboración obrero-gubernamental. Ante la trascendencia que tomaron la versiones, la CGT debió dar un comunicado recién diez días después, pero sin censurar a sus dirigentes. Semanas más tarde, las entrevistas en Olivos eran concurridas y menos secretas.

La colaboración despertó indignación en extensos estratos dirigenciales intermedios, que en Marzo de 1968 concurrieron al congreso de la CGT con el ánimo justamente alterado. Fue tan adverso el clima del congreso que ni los mismos directivos que lo habían convocado concurrieron a dar explicaciones. Vandor, Framini, Coria, Prado, Taccone, Alonso, March, Pomares, Izzeta, Cardozo y Cavalli realizaron varias reuniones a puertas cerradas, pero no se presentaron, tratando de provocar su postergación. Habiendo quórum, el congreso sesionó y eligió una nueva dirección, encabezada por Raimundo Ongaro y se pronunció por “una CGT única, libre e independiente de sectores extraños a los trabajadores, que no renuncie a la autodeterminación”, lo cual era un abierto desafío a las prácticas colaboracionistas.

La dirección surgida en Marzo de 1968 se formó así: Raimundo Ongaro (gráficos); Amancio Pafundi (UPCN); Patricio Datarmini (Municipales); Enrique Coronel (La Fraternidad); Julio Guillán (Telefónicos); Benito Romano (FOTIA); Ricardo De Luca (Navales); Antonio Scipione (Ferroviarios); Pedro Avellaneda (ATE), Honorio Gutiérrez (UTA); Salvador Mangaro (Gas del Estado); Enrique Bellido (Ceramistas); Hipólito Ciocco (Empleados Textiles); Jacinto Padín (SOYEMEP); Eduardo Arrausi (Viajantes); Alfredo Lettis (Marina Mercante); Manuel Veiga (Edificios de Renta); Floreal Lencinas (Jaboneros); Antonio Marchese (Calzado) y Félix Binetti (Carboneros).

La dirección preexistente de la CGT no reconoció la validez del congreso y, en una reunión del 5 de Abril de 1968, resolvió sancionar a los gremios que participaron en él. De esta manera quedaron, de hecho, dos CGT: la opositora, que estableció su sede en la Federación Gráfica y por ello se llamó CGT de Paseo Colón, y la oficialista, que con el apoyo del gobierno militar mantuvo la sede central de la calle Azopardo. (CORREA, Jorge, “Los Jerarcas Sindicales”, Editorial Polémica, Buenos Aires, 1972, páginas 40 y 41).

Sobre Sebastián Borro

Junto con Di Pascuale, tuvo un rol preponderante en la militancia sindical de nuestro país. Su nombre es paradigmático; su labor, un modelo a seguir. A lo largo de todo el recorrido sobre nuestra historia, fue mencionado reiteradas veces, por eso, en el capítulo de hoy: la biografía de Sebastián Borro.

Delegado sindical desde muy joven, acompañó a Perón desde el 17 de octubre de 1945. Sin embargo, su etapa de más compromiso –y más trascendencia pública– se produjo después del golpe de 1955. Sus compañeros lo eligieron secretario general del gremio de la carne en diciembre de 1958. Un mes después encabezó la resistencia a la privatización del frigorífico Lisandro de la Torre, dispuesta por Arturo Frondizi a pesar de la oposición de sus siete mil trabajadores. Los obreros ocuparon la planta por 48 horas pero fueron reprimidos por dos mil policías equipados con armas largas y tanques Sherman de la Segunda Guerra Mundial. Tras el violento desalojo, Borro fue cesanteado y detenido. La misma suerte corrieron 94 obreros.

Además de su militancia sindical –fue uno de los fundadores de las “62 Organizaciones”, surgidas en oposición a los gremios colaboracionistas–, Borro tuvo participación en la política partidaria. En 1962 fue candidato a diputado nacional, pero las elecciones fueron anuladas por Frondizi cuando constató que el peronismo mantenía intacta su fuerza electoral. En el exilio frecuentó a Perón en España. Fue uno de los pocos dirigentes peronistas que se entrevistó con Ernesto “Che” Guevara. Otro conocido fue John William Cooke, “el Bebe”, delegado de Perón en los primeros tiempos de la Resistencia, quien se entrevistó con el Che en La Habana en 1960. Borro y Cooke se conocían desde la ocupación del frigorífico.

En 1973, Borro estuvo entre los participantes que viajaron en el avión charter con el que Perón retornó a la Argentina. Tuvo muy buena relación con el empresario Jorge Antonio. Luego se fue vinculando con la Tendencia Revolucionaria y llegó a ser dirigente del Peronismo Auténtico, el partido creado por los Montoneros en 1975. Con el retorno de la democracia, volvió a ubicarse en el peronismo hasta que, tras la aparición de Carlos Menem, se sumó al Frente Grande. Por ese partido fue electo concejal de la ciudad de Buenos Aires. En los últimos años su figura fue reivindicada por grupos que comenzaron a investigar los años de la Resistencia.

Su nombre es paradigmático de esa época, junto con Avelino Fernández y Andrés Framini, Jorge Di Pascuale y Armando Cabo. En esos tiempos los peronistas –que tenían prohibido nombrar a su líder por el decreto 4161– se expresaban a través de metáforas: el tango “Fumando espero” o “No me olvides”, las flores azules a las que recurrió Arturo Jauretche para un poema. Eran guiños para entendidos. Uno de esos entendidos era Borro, el mismo que fue testigo del bombardeo a la Plaza de Mayo. Nunca pudo olvidar esas imágenes: “En el primer momento ellos ponen la bandera blanca y la gente grita: Perón, Perón, y cuando van cruzando la calle, la ráfaga de ametralladora otra vez”, contó en un reportaje. El 17 de julio de 2005 murió este histórico dirigente del peronismo. Tenía 83 años y una larga y respetada trayectoria.


Sebastián Borro.

Continuamos con la historia de nuestra Agrupación

A.D.E.F. integra la conducción de la nueva y rebelde C.G.T. de los Argentinos, junto a Raimundo Ongaro, Benito Romano, Agustín Tosco y otros dirigentes de gran envergadura.

El congreso realizado en el local de la U.T.A. de la calle Moreno designa a Raimundo Ongaro como Secretario General e impulsa el Programa del 1ero De Mayo, que propone una alternativa nacional y popular ante la desnacionalización de nuestra economía, la recuperación de la democracia y el fin de la represión en todo el país.

La visión política que impulsaba el sector combativo se iba imponiendo en todos los sectores sociales, a medida que el gobierno militar fracasaba en su proyecto político.

La presencia de Agustín Tosco en Córdoba, Benito Romano en Tucumán, Mario Aguirre en Rosario y de otros dirigentes que iban surgiendo en todo el país, le daba al movimiento una fuerza nacional que era apoyada por los estudiantes y los sectores medios, pero tenía su columna vertebral en los trabajadores.

La C.G.T. de los argentinos fue un hito en la historia política y gremial de la Argentina y dentro de ella, Jorge Di Pascuale, quien ocupó la Secretaria Adjunta, fue fundamental.

La iniciativa política estaba en manos de los trabajadores combativos y el enfrentamiento era la única estrategia que se imponía, por eso los sectores claudicantes iban quedando de lado.

En mayo de 1969 se produce el “Cordobazo” y son los trabajadores junto a los estudiantes quienes ganan las calles de Córdoba, como lo harán luego en Corrientes, Mendoza, Tucumán y Rosario, para expresar el repudio a la dictadura militar.



Raimundo Ongaro con Agustín Tosco.






Ongaro, Di Pascuale y Ferraresi.


En todo ese tiempo, la actividad de Di Pascuale fue incesante, así como lo fue la persecución, los distintos arrestos que sufre y la clandestinidad donde se refugia. Ese año se pasa con el sindicato intervenido y su Secretario General, Jorge Di Pascuale, junto al adjunto Alfredo L. Ferraresi, presos. Jorge recobra la libertad, pero a los pocos días es detenido nuevamente por firmar una solicitada contra el gobierno. Conoce a su hijo recién nacido, esposado y bajo vigilancia policial.


El 1° de julio de 1969, el Sindicato de Farmacia fue intervenido, y los compañeros Di Pascuale y Ferraresi, encarcelados. El compañero Horacio Mujica constituye el sindicato paralelo que funciona durante la intervención en la calle Piedras al 800, hasta el año 1970, en que se recupera la entidad sindical. En esa heroica tarea, además de la gran valentía del compañero Horacio Mujica, el rol de la Agrupación 22 de Diciembre – Lista Blanca, fue fundamental.



Horacio Mujica.

Etapa de esplendor para el sindicato

1970 será el año en que se recuperara el gremio y cae definitivamente la dictadura de Onganía.

El comienzo de la década encuentra a Jorge Di Pascuale en pleno desarrollo y construcción del Peronismo Revolucionario, apoyando el accionar de las organizaciones especiales, como las llamó Perón, y apuntalando un nuevo sindicalismo del cual fue mentor: Sindicalismo de Liberación. Alejado de las estructuras entreguistas del Partido, mantuvo su identidad, rescatando el rol histórico del Movimiento, su proyecto revolucionario y la necesidad del retorno de Perón para ponerse al frente de esa revolución.

Es que por entonces, Di Pascuale, con otros compañeros que expresaban la más lata conciencia política y el grado mayor de compromiso con las luchas de nuestro pueblo, crean el Peronismo de Base, organización nacional que se propone desarrollar una instancia organizativa por fuera del Partido Justicialista, con el objetivo de contener la expresión combativa de los trabajadores y apoyar a los sectores que proponían una salida revolucionaria, que por entonces era ampliamente mayoritaria en todo el territorio nacional.
Por otro lado, resulta notablemente la amplitud de pensamiento de quien sin renunciar a su identidad política y trayendo en su mochila una trayectoria implacable en las filas del peronismo, era a esa altura, capaz de contener a las distintas variantes del pensamiento revolucionario.

La experiencia de Jorge Di Pascuale en la propia intimidad del peronismo, lo había llevado a un desencanto total con los sectores que habían claudicado durante 17 años y nada esperaba de ellos.

Los había visto de cerca incorporarse al sistema y ser parte de lo más retrógrado de la política nacional. Los había visto traicionar a Perón y a los trabajadores y la dinámica de un pueblo en la calle luchando contra las dictaduras y los gobiernos cómplices de la ilegitimidad lo convenció de la posibilidad de alcanzar el poder para el pueblo y construir una sociedad más justa, libre y soberana, tal como lo aprendimos durante la década del gobierno peronista.

Perón produce cambios en la burocracia sindical e impone a Rucci en la Secretaría General de la C.G.T. El líder avanza en una política de lucha integral, donde contiene desde las organizaciones armadas, hasta los sectores burocráticos, pero Jorge Di Pascuale tiene una brillante historia, muchos palos sobre el lomo y la autoridad moral suficiente para expresar su disidencia sobre esa estrategia. Intuye, que tal manera de actuar dejará en el camino a los compañeros que ofrecieron la vida y la libertad por sus ideales. Los hechos le darán la razón.

En 1971, la contestación de Perón a una carta enviada por la Agrupación “Lealtad y Soberanía” (fundada por Di Pascuale) trae el apoyo a la tarea que llevan adelante contra la dictadura.

1972 fue un año en el que se mezclaron alegrías y tristezas, logros y frustraciones.
En lo gremial, logramos la adquisición del primer hotel de turismo, el Benidorn, en la Perla del Atlántico, dando inicio al turismo social, sin privilegios de ninguna índole.

En lo político, la presión popular y la decisión inquebrantable de Perón de retornar al país, forzaron al gobierno del general Lanusse a negociar un proceso de transición. Sin embargo, la derecha enquistada en el entorno del líder justicialista ya había ganado la pulseada desplazando del centro de la escena a los mejores cuadros de la resistencia.

Momento de cambios

Etapa de transición en nuestro país y de bifurcaciones en el peronismo.

El 17 de noviembre de 1972, Di Pascuale, Borro, Framini y tantos viejos luchadores tendrían que haber estado en el avión que traía a Perón de su largo exilio. Eran ellos los representantes de los miles de peronistas que no claudicaron ante ningún gobierno, exigiendo el retorno del líder, no fueron convocados, pero sí estuvieron en Ezeiza, junto a las miles de personas que desafiaron al Ejército para ir a esperar a Perón.

No obstante los desplantes de que fueron objeto por el aparato partidario, los compañeros se sumaron al proceso electoral apoyando a Héctor J. Cámpora, un hombre leal y honesto que también fue víctima de la trituradora que montaron algunos sectores del Justicialismo.

El 11 de marzo de 1973, el triunfo de Héctor Cámpora fue festejado por todo el pueblo peronista. Gracias a ese desenlace político, se logró la libertad de miles compañeros presos desde hacía años. Sin embargo, con el paso de los meses, el poder del presidente Cámpora fue erosionado por los sectores más reaccionarios, lo que provocó que los mismos compañeros que fueron baluartes de la Resistencia y de la lucha de 18 años fueran dejados de lado.

A pesar de ello, esos compañeros estuvieron el 20 de junio de 1973, en Ezeiza, junto al pueblo peronista, pero cada vez más lejos del conductor. De esta manera, la vieja guardia peronista, la línea dura o combativa, como se la conoció, se incorporaba a otras expresiones del peronismo: Framini, Dante Viel, Armando Cabo, Arnaldo Lizazo, Atilio López, Cepernic o Bidegain, le daban forma al Partido Auténtico (ligado a Montoneros) mientras Di Pascuale, Ferraresi, Bernardo Alberte, Ongaro, Villaflor, De Luca, Benito Romano, Atilio Santillán y la conducción de FOETRA, mantenían distintos grados de adhesión al Peronismo de Base.

A partir de entonces, la lucha se dirigió a la construcción de una alternativa organizativa independiente, que les permitiera a los trabajadores no sólo enfrentar al sistema de dominación y explotación, sino también a la burocracia política y sindical que le servía complacientemente.

Jorge Di Pascuale jamás aceptó servir a los intereses antinacionales y antipopulares. Brilló en la política y en el sindicalismo argentino en mérito a su capacidad y compromiso, pero no utilizó ese prestigio en beneficio de una proyección personal. Dejó de lado cualquier tentación personal y se ubicó junto a los trabajadores en la lucha política y cotidiana para lograr la liberación nacional. Aceptó ser uno más luego de ser el primero, aceptó el anonimato luego de ser una figura pública, aceptó el barro luego de pisar las alfombras del poder, aceptó la militancia, la cárcel y la persecución, porque creyó que eso era útil para alcanzar el objetivo de todos y para todos. Fue firme en sus convicciones, alegre y cálido en el trato diario, noble y valiente para sostener su compromiso, y supo ser un conductor indiscutible. Su enorme capacidad de conducción sumada a su conducta personal hizo que fuera querido y respetado por todos los trabajadores del país, más allá del pensamiento e ideología de cada uno. Estos valores, imperdonables para el sistema, fueron puestos en la mira del enemigo, apenas murió Perón, el 1º de julio de 1974.

Un desencuentro histórico que costaría muy caro al Peronismo y al pueblo argentino, ya que esos sectores que dominaron el gobierno, luego de la muerte del General, actuaron en realidad para desarmarlo y esterilizarlo, además de ir preparando las condiciones para la mayor represión y asesinato en masa que sufriera una nación latinoamericana y que se cobró, a partir de julio de 1974 y especialmente de marzo de 1976, la vida de una generación comprometida hasta la propia muerte por el destino de nuestra de patria y el futuro de nuestro pueblo.

Pocos días después del fallecimiento del Presidente Juan Domingo Perón, el escritor, abogado, historiador, diputado nacional y gran amigo del Sindicato de Farmacia, Rodolfo Ortega Peña, fue asesinado en las calles de Buenos Aires, por la Triple A, en lo que significó el comienzo de una escalda que ya no se detendría más para hacer desaparecer a los dirigentes identificados con las luchas populares. Así la lista comenzó a poblarse de los compañeros más queridos: Antonio Deleroni, Julio Troxler, Alfredo Ongaro, el padre Mujica, Atilio López y cientos más.

Durante ese doloroso año, nuestro gremio adquiere el predio donde funcionará el campo de Recreación Eva Perón, en la localidad de Gorina (City Bell), cuya inauguración se llevaría a cabo el día 22 de diciembre de 1975.

El “Rodrigazo”

Devaluación monetaria. Aumento de precios. Encarecimiento de tarifas. Abrupta disminución de salarios. Este era el contexto económico de Argentina hacia 1975 que culminó con el peor golpe militar de la historia nacional.

A principios de 1975 el entorno de la presidenta estaba constituido por López Rega y su grupo de confianza: Lastiri, Villone, Vignes, P. Vázquez, Osinde; entre otros. Estaban decididos a congraciarse con los poderes militares y económicos tradicionalmente fuertes en el país, como garantía de su permanencia en el gobierno.

Hacerse confiables a la derecha implicaba recortarle las alas al sindicalismo, por más ortodoxo que éste fuese. La conflictiva relación entre el gobierno de la viuda de Perón y el sindicalismo, se deterioró más cuando López Rega no dio participación a la CGT en el retorno de los restos de Evita, que fueron traídos desde Madrid y depositados en la capilla de la residencia presidencial de Olivos. Asimismo, el poderoso ministro, que aspiraba a controlar el dinero de las obras sociales de los sindicatos, evitó que se concretara un plan de construcciones de 100.000 viviendas basado en un convenio entre su Ministerio y el Banco Hipotecario Nacional.

El gobierno se preparaba para la reanudación de las paritarias para fines de mayo. Desde hacía meses el ministro de Trabajo, el sindicalista Otero, venía librando una batalla exitosa contra los dirigentes gremiales combativos del interior. En ese período la protesta gremial cedió abruptamente para reiniciarse a comienzos de 1975. En Villa Constitución estalló una confrontación laboral que se prolongó durante dos meses y que terminó en un operativo policial con el arresto de la plana mayor de la seccional local de la UOM y de líderes locales de otros sindicatos.

Los dos años de tregua social habían terminado. El costo de la vida aumentaba mes tras mes y el “Pacto Social” era ya algo pasado. El Ministro de Economía Gómez Morales, urgido por la cúpula sindical, autorizó que en los contratos de trabajo que se firmaran luego de las paritarias se diese un 38 por ciento de aumento salarial. Pero el 31 de mayo renunció al cargo pues carecía de apoyo en el gobierno y advertía la peligrosa situación en que se encontraba la economía nacional, por desinversión e inflación. En su lugar fue designado Celestino Rodrigo, un economista ortodoxo con inclinaciones esotéricas similares a las de “Lopecito”. El 5 de junio, el flamante ministro anunció el paquete de medidas económicas que se conocen como “Rodrigazo” y que consistían en una devaluación monetaria del 100 por ciento, aumentos del precio de los combustibles del 175 por ciento, de las tarifas eléctricas del 75%, y de otros servicios públicos en proporciones similares. De un día para otro se modificó no sólo la economía nacional sino millones de economías familiares. Los salarios perdieron su valor y el nuevo ministro no estaba dispuesto a otorgar aumentos.

El día 27 de junio, la CGT y las 62 Organizaciones convocaron a una reunión de trabajadores en Plaza de Mayo. Largas columnas provenientes del cinturón industrial se aproximaban al corazón de la ciudad. Muchos se sumaron espontáneamente a la reunión multitudinaria. Los manifestantes se expresaron contra López Rega y contra Rodrigo, y requerían una definición de la presidenta, pero ésta no apareció en el balcón.

El 28 de junio “Isabel” anunció la anulación de las paritarias y que el aumento sería del 50 por ciento, y un 15 por ciento más en octubre y en enero siguientes. Desbordada por las bases obreras que iniciaron protestas de manera espontánea, la CGT decretó dos días de huelga, fijados para el 7 y el 8 de julio.

Esta era la primera huelga general decretada por la CGT contra un gobierno peronista. Y tuvo un desenlace exitoso para los gremios: el 7 de julio, luego de la jornada de protesta que había paralizado el país, Isabel Perón dio marcha atrás en su decisión de derogar los aumentos salariales y ratificó las paritarias. El 9, la Cámara de Senadores designó presidente del cuerpo al doctor Ítalo Argentino Luder, y de este modo Raúl Lastiri, titular de la Cámara de Diputados, pasó a segundo término en la sucesión presidencial. Lastiri formaba parte del grupo lopezrreguista todavía enquistado en Olivos, a pesar de que el gabinete en pleno había presentado su renuncia. La tensión se prolongó hasta el día 18, cuando los granaderos del regimiento de escolta presidencial desalojaron a los custodios del ex ministro López Rega de la residencia de Olivos. El otrora hombre fuerte del régimen partió en un avión oficial como portador de una misión indefinida “ante organismos oficiales e internacionales del Viejo Mundo”. En realidad, “Lopecito” se instaló en Madrid, en Puerta de Hierro, y algunos meses más tarde ya se desconocía su paradero.

La etapa lopezrreguista que marcó la derechización del gobierno peronista parecía cerrada. De este modo culminó la hábil maniobra sindical que intentó en un tiempo tomar distancia respecto del proyecto económico impopular del ministro Rodrigo y recuperar el espacio perdido en el “entorno presidencial”. Dos personalidades afines al sector gremial ocuparon, en agosto, las carteras de Economía (Antonio Cafiero) y Trabajo (Carlos Ruckauf).

La recesión y el desempleo amenazaban la economía. Entre julio y agosto la tasa de desempleo en la provincia de Buenos Aires, que era del 2,3 por ciento, subió al 6, mientras que en Córdoba alcanzó el 7. En todo el año 75 el valor de las exportaciones argentinas descendió en un 24 por ciento y esta situación fue particularmente sentida por el sector rural, sobre todo el ganadero, que mostró su descontento mediante una serie de paros consistentes en suspender el envío de hacienda a los mercados.

Cafiero intentó, en octubre, reflotar la tregua económica y social que había sido la base de la política peronista en el primer momento. El 25 ese mes, empresarios, sindicatos y gobierno firmaron un pacto que tuvo escasa trascendencia, pues el propio ministro, presionado por los gremios, se apresuró a otorgar un aumento salarial del 27 por ciento a partir del 1º de noviembre. Como la CGE no había sido consultada en esta oportunidad, decayó el prestigio de la entidad empresaria y en su lugar se fortaleció un nuevo nucleamiento, APEGE (Asamblea Permanente de Entidades Gremiales Empresarias), francamente opositor al gobierno. Lo integraban la Sociedad Rural, las Confederaciones Rurales, la Cámara Argentina de Comercio y la Cámara de la Construcción, además de otras agrupaciones menores, todas ellas tradicionalmente adversas a los gobiernos constitucionales que tendían a recortar sus privilegios económicos.

“La crisis del país era mirada con júbilo por los enemigos consuetudinarios de la democracia: la división de las fuerzas del campo popular y la incapacidad del gobierno para afrontar la situación eran la promesa de que a corto o mediano plazo los militares iban a volver. Y la violencia multiplicada en episodios sangrientos era otra apelación a que la fuerza rigiera definitivamente los conflictos entre los argentinos.”

El fin de la democracia argentina ya estaba decidido. Sólo faltaba que al golpe le pusieran fecha.

Mientras tanto, el líder natural e indiscutido del gremio de Farmacia, Jorge Di Pascuale, amenazado de muerte como estaba, padecía su exilio en Venezuela, trabajando humildemente y sufriendo a la distancia. La decisión de abandonar el país, única opción para salvar su vida, la habían adoptado sus compañeros. Él la acató a regañadientes y tras un breve período en el hermano país, regresó a la Argentina para sumarse a la lucha contra la dictadura.